CRONICA DEL CAMBIO DE PARADIGMA – CAPITULO PRIMERO

Un vertiginoso viaje hacia el futuro

Un artículo que escribí para el volumen del año 2005 de World Future Society, comenzaba del siguiente modo (en traducción del inglés): “A estas alturas, decir que vivimos en una época de cambios en rápida aceleración y nunca antes vistos, es seguramente para la mayoría de los miembros de la World Future Society, un gastado cliché. Pero este cliché no proporciona ningún concepto concreto de qué es lo que realmente está ocurriendo. Estamos en medio del más dramático cambio de paradigmas nunca conocido por la humanidad, un cambio de paradigmas que nos arroja hacia un futuro tan diferente de nuestro pasado que sólo la más alocada ciencia ficción puede siquiera comenzar a dar una idea de lo que se está gestando.”

Mi definición de la palabra paradigma es una percepción de la realidad que fija los límites de aquello que creemos posible y que, a través de la cultura y tradición, determina nuestro modo de interpretar o vivenciar lo que registramos con nuestros sentidos. Como la mayoría sabe, es común que “veamos” aquello que esperamos ver, en lugar de lo que verdaderamente sucede frente a nuestros ojos cuando esto contradice lo que creemos posible.

Un cambio de paradigmas se impone forzosamente cuando la ciencia establecida, encuadrándose en el marco del paradigma dominante, se encuentra incapaz de dar explicación a observaciones o experiencias importantes que ya no pueden desecharse por considerarlas un error o producto de la imaginación.

Dentro de determinadas áreas puede hablarse de paradigmas específicos, que pueden cambiar de modo relativamente rápido sobre la base de nuevos descubrimientos y avances técnicos. El más conocido y a menudo mencionado cambio general de paradigmas tuvo lugar hace 500 años, durante el renacimiento, cuando la antigua concepción del mundo como una tierra plana en el centro del universo, creada por Dios en seis días hace sólo unos miles de años, debió lentamente ceder ante otra concepción del mundo, completamente diferente, gracias a nuevos descubrimientos y a un nuevo aliento investigador. Fueron particularmente el telescopio y el microscopio, los desarrollos que ampliaron nuestra visión y nuestra conciencia respecto a la visión cosmológica científica que paulatinamente llegó a ser dominante durante los cinco siglos que han transcurrido desde entonces.

El paradigma renacentista ha ido desportillándose desde el siglo 18 contra un nuevo paradigma mucho más revolucionario, que está ahora ya en completo lanzamiento. Este nuevo paradigma, que a veces llamo el Paradigma Holístico y otras el Paradigma de Acuario, es mucho más radical y transgresor de fronteras de lo que fue el renacimiento. Se trata del pasaje a una nueva era cósmica, que ya ha comenzado a modificar drásticamente nuestra existencia, y de la que puede esperarse que estampe su muy definida impronta sobre ella en los próximos dos mil años.

Una de las características más destacadas del nuevo paradigma es que sobrepasa los límites físicos y quiebra las hasta ahora establecidas delimitaciones entre materia y espíritu. Esto significa por ejemplo que las leyes Físicas de Newton se evidencian ahora como insuficientes y superficiales, y que los últimos avances dentro de la física, más específicamente el área de la física cuántica y respecto al campo de punto cero, nos hacen vislumbrar una completa nueva dimensión de la existencia. Entre otras cosas, nos da acceso a la explicación científica de fenómenos parapsicológicos, del tratamiento de enfermedades sin la intervención de cirugía ni fármacos, aún a distancia, de los denominados platos voladores, y de energía liberada directamente desde el espacio o directamente del agua común. Todo esto y mucho más pueden rápidamente llegar a incorporarse rutinariamente a nuestras vidas cotidianas bajo el nuevo paradigma.

En los siguientes capítulos quiero analizar el Paradigma Holístico y describir como nació y como evolucionó hasta la actualidad. De este modo aprenderemos a distinguir sus contornos y rasgos generales y hacer la distinción entre aquello destinado a desaparecer y aquello que tiene la perspectiva de desempeñar un papel positivo en el futuro.

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